62. El Guardián de la Noche
En las colinas de Cádiz, donde el viento de levante susurraba historias antiguas entre los olivos, existía un olivar que había sido plantado por los antepasados de Lucas hacía más de dos siglos. Este olivar no era como los demás; las leyendas decían que los árboles crecían más frondosos y los frutos eran más jugosos debido a la protección de un espantapájaros, conocido en la región como «El Guardián de la Noche». Se decía que aquel espantapájaros había sido creado con las ropas de un anciano que vivió sus últimos días entre los olivos. Antes de morir, el prometió que su espíritu velaría por el olivar, asegurando que los cuervos y otras criaturas del mal se mantuviesen alejados. Con el tiempo, los aldeanos comenzaron a notar que, por las noches, el mismo desaparecía, Lucas amante de las historias de terror y reciente heredero del olivar, no lo dudo.
A medida que la noche transcurría, se decepcionaba más, escuchó un crujido escalofriante. Se giró, y allí ante sus ojos incrédulos estaba el Guardián, moviéndose entre los olivos como una sombra. No era una leyenda; era una pesadilla hecha realidad. Y ahora reclamara lo que es suyo



