248. Raíces de historia
Cada año, bajo el sol de otoño, los olivos susurran la misma melodía que escucharon los ancestros. La tierra, trabajada por generaciones, guarda secretos de sabiduría y esfuerzo. «El olivo es poesía viva», solía decir mi abuelo, mientras sus manos recorrían el tronco agrietado por el tiempo. Cada aceituna que recolectábamos llevaba consigo la historia de quienes antes labraron la misma tierra. Ahora, cada gota de aceite que fluye es un verso que conecta pasado y presente. En esa dorada esencia no solo está la vida del árbol, sino el legado de quienes lo han cuidado con devoción, y de quienes aún lo preservan, asegurándose de que la historia nunca se pierda. Bajo las ramas de los olivos milenarios, el futuro de esta cultura sigue latiendo, generación tras generación.



