244. El sabor del tiempo

María Sofía Abarca

 

El abuelo le ponía aceite de oliva al vino. Nunca preguntamos, por respeto, si había sido un error de cálculo, una broma o era algo que hacía por gusto.

Su última bebida antes de morir fue esa. Rosa, nuestra querida abuela, nos contó que se conocieron en la viña, cosechando. Se habían criado entre las uvas frescas de Luján de Cuyo y entre los olivares que daban a la carretera. En aquella época, en donde se comía todo y de todo se cocinaba, el abuelo acostumbraba a cortar uvas y aceitunas para después comerlas juntas como el más fino manjar.

Echarle aceite de oliva al vino le recordaba a su infancia: lo devolvía otra vez a aquellos caminos en donde sus ojos pacientes miraban con ilusión la bodega, la montaña y el olivar.

El abuelo murió siendo un niño.