235. Amanece

Yolana

 

El padre se despierta antes de que cante el gallo pero la madre antes de que el padre se levante.

Ella se afana en prepararle el almuerzo, es su obligación. El café también. Como autómata le guarda las comida en la fiambrera y después en la talega.

Fabián se asea, escupe exageradamente y se viste. La hija, Rosario, ronronea por el ruido que traspasa los finos muros de la casa de campo y casi se dispone a vestirse: ropa de hombre en todo caso, para trabajar en el campo hay  que ser práctica.

Sin apenas hablar, ya listos, padre e hija se suben al Land Rover que los llevará a coger las primeras aceitunas de la temporada.

La madre mira por la ventana. Hace frío y el campo está escarchado.