23. El mejor regalo

José Vico Lizana

 

Hace mucho, mucho tiempo, cuando nuestra civilización no era ni tan moderna ni tan antigua, mucho antes de que la humanidad comenzara a llevar la cuenta de su historia. En ese entonces, ya existía el olivo. Antes de su nacimiento, ocurrió una disputa entre los dioses del Olimpo. Aunque con el tiempo se perdonó este conflicto, nunca fue olvidado.

 

  1. EL RENACIMIENTO DE ATENEA.

En lo profundo del alto Guadalquivir[1], donde los olivos centenarios susurran secretos al viento, entre colinas doradas por el sol y el azul del cielo, se encuentra un olivar ancestral. Este lugar sagrado guarda el elixir de la inmortalidad: un aceite de oliva mágico, cuya existencia ha sido protegida durante milenios y mantiene la conexión eterna entre mortales y dioses.

En Jaén, próximo a las ciudades renacentistas[2] de Úbeda y Baeza, y cercano a Sierra Mágina (Mágica), se extiende un olivar cuyo paisaje de cerros ondulantes se asemeja a un mar de olivos. Este terreno fue en su día el lecho de un mar que lo quiso ser, llamado Tetis[3].

Una noche estrellada, un fenómeno extraordinario ocurre: una luz resplandeciente emana del centro de un olivar. Desde la hermosura de un tronco retorcido de una oliva, en una tierra callada, se levanta la figura de Atenea, diosa de la sabiduría y la guerra, con una misión: proteger el olivar y el mágico aceite que contienen sus aceitunas[4].

Atenea observa su entorno con una mezcla de nostalgia y determinación. Recuerda la antigua disputa con Poseidón, rey del mar, por ser la deidad protectora de Atenas, que aún no tenía nombre. Poseidón, golpeando el suelo con su tridente, hizo brotar una fuente de agua salada como regalo a la humanidad. Atenea, por su parte, plantó un olivo, convertido en un árbol de paz y de vida, capaz de dar llama para iluminar las noches, cuyos frutos no solamente serían buenos para comer, sino para aliviar heridas y dar fuerza a la humanidad. Así, la ciudad adoptó en su honor el nombre de Atenas.

Ausente durante siglos, Atenea ha regresado ante la amenaza inminente al olivar. Sus ojos captan cada detalle de la tierra que un día apadrinó. Mientras recorre el olivar, siente una conexión profunda y ancestral con cada descendiente del olivo que en el pasado regaló a la humanidad. Cada hoja, cada rama, cada aceituna le susurran historias, y ella las escucha con atención, preparándose para los desafíos que se avecinan. La verdadera prueba está por venir.

El olivar que Atenea protege es más que una simple plantación de árboles. Es una ofensa pensar que solo se trata de eso; el olivo en general y este olivar en particular es mucho, mucho más que eso. Es la máxima expresión de algo que se escapa a la razón. ¿Cómo imaginar un mundo sin su existencia, sin su compañía, sin sus beneficios para la salud, sin su profundo significado cultural, histórico y económico? Los olivos son un puente entre el pasado y el presente, entre los seres humanos y la naturaleza, entre lo divino y lo terrenal.

No intentes imaginar lo que sería un mundo sin olivos.

 

 

  1. ENCUENTRO CON ELENA.

« Quien pretende llegar a un sitio determinado debe emprender un solo camino y no tantear muchos a un tiempo, pues esto último no es caminar sino vagar. »

Séneca.

 

La llegada de Atenea no pasa inadvertida. Los habitantes de Úbeda y Baeza perciben un cambio de aire y una energía que emana del antiguo olivar. Entre ellos se encuentra Elena[5], una joven agricultora que ha pasado toda su vida trabajando en estas tierras sin conocer su verdadera importancia. Su vínculo con el olivar es profundo, aunque aún no comprende la magnitud de su legado.

Una tarde, mientras Elena recorre el olivar, se encuentra con Atenea. Elena se detiene, su corazón late con fuerza. Atenea da un paso adelante, al principio, Elena duda de lo que ven sus ojos, pero la presencia majestuosa de la diosa y la serenidad en su mirada la convencen de que se trata de un ser especial. Elena entre asombrada y asustada, susurra:

Elena: -¿Quién eres y cómo has llegado hasta aquí?

Atenea: -Soy Atenea, diosa de la sabiduría y la guerra. He renacido en este tiempo para proteger este olivar sagrado.

Elena: -¿Atenea? ¿La diosa griega? ¿Por qué este olivar es tan importante?

Atenea: -Este olivar es descendiente directo del que fue plantado por mí como regalo a la humanidad. Su aceite tiene propiedades mágicas, incluyendo la capacidad de otorgar inmortalidad.

¿Sabías que el olivo y su aceite han sido cruciales en vuestra historia? En las civilizaciones griega y romana, una corona de ramas de olivo era el máximo premio en los Juegos Olímpicos. Hoy en día, el aceite de oliva es esencial en vuestra cultura, dieta, economía y tradiciones sociales. Siempre ha estado ligado a la mitología y la religión, por eso lo seguís usando en rituales sagrados como símbolo de paz y prosperidad. Además, es bueno para vuestra salud debido a sus ácidos grasos monoinsaturados y antioxidantes, que mejoran vuestro sistema cardiovascular.

Proteger este patrimonio es fundamental para que se beneficien las futuras generaciones. Los seres de la galaxia os miran y admiran.

Elena: -¿Inmortalidad has dicho? ¿Por qué nadie sabe sobre esto?

Atenea: – El olivo produce y almacena en su aceite un grupo de compuestos llamados polifenoles. Su nombre proviene de la presencia de múltiples grupos de fenoles[6], como flavonoides, ácidos fenólicos, estilbenos y ligninas.

Los polifenoles[7] son antioxidantes, que se traduce en su capacidad para neutralizar los radicales libres, que son moléculas inestables y muy reactivas por tener un electrón desapareado. Los radicales libres causan daño celular al organismo y están relacionados con su envejecimiento y diversas enfermedades crónicas, como las cardiovasculares, el cáncer y las neurodegenerativas que conducen a la muerte.

En este olivar estos polifenoles se concentran un ciento de cien veces más que en el resto de olivos, por eso este olivar es tan importante.

Elena: – No lo entiendo.

Atenea: – Imagina que los polifenoles son como pequeños superhéroes que se encuentran en el aceite de oliva. Piensa en tu cuerpo como en una ciudad. En esta ciudad, existen unos villanos llamados «radicales libres », y su número depende de nuestra forma de vida (tabaquismo, contaminación, dieta poco saludable, …). Estos villanos dañan las células del cuerpo, que son los edificios de la ciudad. Los polifenoles cuando los « radicales libres » intentan hacer daño, los detienen y los neutralizan, protegiendo las células y manteniendo el cuerpo sano.

Entonces Elena le cuenta que un día, mientras cosechaba aceitunas, encontró un amuleto enterrado entre las raíces de un olivo. Tenía formas extrañas, como figuras alrededor de una hoguera. Un anciano del pueblo, Constantino[8], le reveló que pertenecía a una línea de guardianes encargados de proteger el olivar y su aceite mágico. Según Constantino, la familia de Elena había sido guardiana del olivar durante generaciones, una responsabilidad transmitida en secreto. Elena quedó huérfana siendo muy pequeña y nunca conoció este legado. Aunque se sintió abrumada por la revelación y dudó de su veracidad, con el tiempo esta historia pasó a ser un relato irracional, mezcla de realidad y fantasía, como un sueño de una noche de verano donde todo es posible, pero que ella no tomó en serio.

Desde este encuentro, la vida de Elena cambia para siempre. Guiada por Atenea, empieza a descubrir los secretos del olivar y el poder de su aceite mágico. Juntas, deben luchar contra amenazas y protegerlo de quienes buscan explotarlo para fines egoístas.

La alianza entre la diosa y la joven agricultora, con la sabiduría de Atenea y la conexión terrenal de Elena con el olivar, será clave para preservar su legado sagrado y mantener el equilibrio entre el mundo humano y el divino.

 

  1. LOS PELIGROS DEL MUNDO MODERNO.

« La honestidad suele generar menos ganancias que la mentira ».

Platón.

Elena descubre habilidades ocultas que, gracias a la presencia de la diosa, le permiten ver el mundo con una nueva perspectiva.

Gastón, un empresario influyente conocido por su éxito y ambición sin límites, se interesa en el olivar ancestral debido a las leyendas que lo rodean, viendo una oportunidad para aumentar su poder y riqueza. Sin respeto por la propiedad de quienes considera más débiles, ni por lo sagrado que pueda representar, intenta comprar la tierra de Elena, ofreciendo una gran suma de dinero, como regalo. Sin embargo, Elena, sabedora de que aunque cien años pasen, el regalo de un malvado siempre cobra un precio elevado. Ahora entiende la verdadera importancia del olivar y rechaza las ofertas de Gastón. Esto incrementa el interés del empresario, quien recurre al lado oscuro para alcanzar su objetivo.

Para desentrañar los secretos del olivar, Gastón forma un equipo de investigadores y mercenarios. Entre ellos se encuentra Demetrio[9], un arqueólogo fascinado por la mitología griega, contratado inicialmente para descifrar antiguas inscripciones encontradas en la propiedad. A medida que profundiza en su investigación, Demetrio comienza a cuestionar las intenciones de Gastón.

Ante las crecientes amenazas, Atenea y Elena refuerzan las protecciones del olivar con antiguos rituales y conjuros transmitidos por generaciones de guardianes. Elena aprende a usar el poder del aceite mágico no solo para curar, sino también como defensa. Demetrio, ahora al tanto de quién es Gastón y sus verdaderas intenciones, se acerca a Elena, le revela sus descubrimientos y ofrece su ayuda para proteger el olivar. Aunque inicialmente desconfiada, Elena acepta finalmente su apoyo.

Las tensiones crecen cuando Gastón ordena a sus secuaces un ataque nocturno al olivar para causar daños y robar todo lo que de valor encuentren. Sin embargo, Atenea, con la ayuda de Elena y Demetrio, logra repeler el ataque usando tácticas propias de su formación guerrera. La defensa no solo es contra Gastón, sino también por equilibrar lo sagrado y lo mundano. Unidos por un propósito común, Elena, Atenea y Demetrio se enfrentan a los peligros del mundo moderno y a las antiguas fuerzas que buscan el poder del aceite mágico.

 

 

  1. REVELACIONES Y LEYENDAS.

« Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces estás peor que antes. »

Confucio (551 – 478 AC).

 

Demetrio, con su amplia experiencia en arqueología y mitología griega, se convierte en una figura clave. Mediante sus investigaciones, descubre antiguos textos y artefactos que revelan la verdadera naturaleza del aceite mágico y del olivar. Estos documentos confirman que el olivar desciende directamente del plantado por Atenea como regalo a la humanidad, y afianzan el vínculo sagrado, no escrito pero sí establecido, entre los dioses y la tierra.

Uno de los hallazgos más importantes de Demetrio es un pergamino que detalla los rituales para proteger el poder del aceite de oliva del daño de la luz, el calor y el oxígeno, y cómo fortalecer las defensas del olivar ante amenazas externas. El pergamino describe cómo generar un rayo de luz tan poderoso que afecta incluso a los mismos dioses.

El pergamino también menciona un encuentro en Úbeda con las brujas de Orcera[10], conocidas en las cofradías de brujos y brujas como « rabudas », en referencia al rabo de la escoba. Famosas por sus aquelarres en la Atalaya, próxima al cerro del Conjuro, en las afueras de Orcera camino de Benatae[11], sobresale « Galerora », reina de las brujas de Orcera. Estas mujeres libres, sin ataduras de hombres ni religión, tenían el don de sanar a sus vecinos y actuaban como parteras. Durante el encuentro, las brujas repetían: « Unas son de Andújar, otras de la Iruela, pero las que llevan la vara son las de Orcera ».

Demetrio también descubre menciones de otros seres mitológicos que han interactuado con el olivar a lo largo de los siglos, revelando aliados potenciales y enemigos olvidados.

Constantino, el anciano sabio del pueblo, guarda en su memoria leyendas que escuchó de niño: relatos de guerreros guardianes, chamanes, magos y ancianos que se reunían alrededor del fuego para contar historias transmitidas de generación en generación. Las escuchaba con el interés de quien las vive en el presente con la emoción de la espera de un final feliz, aunque se repitieran. Con los años y el regreso de tantos otoños como su vida ha permitido, sus relatos han adquirido una perspectiva humana y emocional sobre la historia del olivar. Habla de tiempos antiguos, cuando héroes y dioses caminaban entre los mortales, y de cómo el olivar siempre ha sido un símbolo de esperanza.

Una noche, Constantino estaba sentado a la fresca en la puerta de su casa, en compañía de Elena, Demetrio, Atenea y sus vecinos. Comienza a contar la historia de una gran batalla entre dioses y titanes[12], donde el olivar desempeñó un papel crucial. Según la leyenda, el aceite mágico no solo cura y otorga inmortalidad, sino que también tiene el poder de repeler la oscuridad y con su energía restaurar el equilibrio natural.

Constantino comparte historias de sacrificios y victorias de los guardianes del olivar. A Elena, estas historias y recuerdos de su niñez le inspiran y le ayudan a comprender su legado y misión. La sabiduría de Constantino le proporciona la fortaleza emocional para acometer los desafíos que se avecinan.

 

 

  1. LA BATALLA FINAL.

« Vencer sin peligro es ganar sin gloria . »

Séneca.

 

La noticia del regreso de Atenea y la existencia del aceite mágico llega a Hera, la reina de los dioses, quien ve en Atenea una amenaza a su poder. Decidida a eliminar cualquier riesgo, envía a sus emisarios mitológicos, criaturas poderosas y temibles, para destruir el olivar y capturar a Atenea.

Atenea, conociendo como conocía a Hera, prepara a Elena, Demetrio y Constantino para la batalla, utilizando rituales protectores de las leyendas antiguas y el poder del aceite mágico.

La tarde del ataque, el cielo se oscurece y una tormenta sobrenatural cubre el olivar. Los enviados de Hera, liderados por Asterión, un feroz minotauro con cuerpo de hombre y cabeza de toro, se preparan para el ataque. Asterión, nacido de la unión entre la reina Pasífae y un toro blanco al que ella fue inducida a amar por un castigo de Poseidón, era conocido por su crueldad. Había sido encarcelado en el Laberinto de Creta, construido por Dédalo específicamente para contenerlo, y fue liberado especialmente para esta ocasión.

El ataque comienza con fuerza imparable. Atenea, con su armadura resplandeciente y su lanza divina, lidera la defensa. Elena, utilizando el conocimiento adquirido, invoca los poderes del aceite mágico, creando barreras de luz que contienen una energía capaz de repeler a los atacantes. Demetrio, armado con artefactos tan antiguos como efectivos, lucha al lado de Atenea y un grupo de brujas venidas de Orcera, demostrando que los mortales pueden ser tan valientes y fuertes como los dioses. Constantino, con su sabiduría y calma, guía a sus vecinos para que se unan a la defensa, formando un frente unido contra las fuerzas del mal.

En medio del caos, Hera aparece en persona, decidida a destruir a Atenea y el olivar. La confrontación entre las dos diosas es intensa y llena de conjuros divinos. Hera, cegada por la ira, lanza ataques devastadores, pero Atenea, protegida por la determinación y el apoyo de sus compañeros, resiste cada embestida.

Elena, comprende que la clave para vencer a Hera reside en el verdadero poder del aceite mágico, y realiza el ritual final enseñado por las brujas. Con la ayuda de Demetrio, mezclan el aceite con el amuleto encontrado en el olivar. Al cubrir el amuleto con el aceite, se crea una sustancia que emana una luz pura y poderosa. Esta luz fortalece a Atenea, purifica el olivar, expulsa a las criaturas del mal y debilita a Hera.

En el momento crucial Atenea y Elena combinan sus fuerzas. Atenea lanza un ataque final, canalizando el poder del aceite mágico a través de su lanza, y un potente rayo de luz impacta en Hera con tal energía que la obliga a retirarse derrotada ante sus seguidores.

Con la retirada de Hera, la tormenta se disipa y la paz regresa al olivar. Elena, Atenea, Demetrio y Constantino, junto con las brujas y vecinos, celebran la victoria. El olivar, ahora protegido y revitalizado, se convierte en un símbolo de la unión entre dioses y mortales, y del poder de la sabiduría y la valentía frente a la adversidad.

Y así termina, por ahora, esta historia de un regalo, el mejor regalo otorgado a la humanidad. Poseidón ofreció una fuente de agua salada, impresionante y poderosa, un buen regalo, pero de escasa utilidad. En cambio, Atenea plantó un olivo, un regalo humilde pero esencial, símbolo de paz, vida, sabiduría y prosperidad. Un árbol, que proporciona luz y calor, con frutos nutritivos y medicinales, que embellecen y fortalecen a la humanidad hasta la inmortalidad y más allá.

¡Que la fuerza Extra del Virgen te acompañe!

 

[1] Guadalquivir: del árabe «Río Grande».

[2] El Renacimiento: movimiento cultural en Europa Occidental durante los siglos XV y XVI, renovó artes, ciencias y humanismo.

[3] Mar de Tetis, aludiendo a la diosa griega del mar, Tetis.

[4] Aceituna: del árabe zaytunah que significa «pequeño aceite».

[5] Elena: nombre de origen griego Heléne «antorcha », brillante, deslumbrante o resplandeciente.

[6] Fenol: alcohol derivado del benceno.

[7] Polifenoles: compuestos con actividad antiinflamatoria, antimicrobiana, anticancerígena y antioxidante (Tsao, 2010).

[8] Constantino: del latín Constantinus « constante, perdurable ».

[9] Demetrio: perteneciente a Deméter/Dimítir, diosa de la agricultura.

[10] Orcera: municipio de la comarca de la Sierra de Segura (Jaén), pertenece a la Red de Pueblos Mágicos de España.

[11] Benatae: municipio vecino de Orcera. Según la leyenda, la fundación de esta villa se debe al árabe o bereber « Ben Atan ».

[12] Titán: raza de dioses gigantes de la mitología griega que precedió y fue derrocada por los dioses del Olimpo.