222. Miles de hojas y millones de recuerdos
Conozco un olivo que vive en Jaén. Es solitario, mas nunca ha necesitado a nadie para luchar contra tormentas y sequías. Ha visto reinos caer, así como resucitar; y tiene incontables cicatrices grabadas por el paso del tiempo.
Un día, el anciano que de joven lo plantó, se acercó y con sus manos temblorosas quiso coger una aceituna. Al arrancarla, sus hojas se agitaron como cuando el viento baila con ellas en las cálidas noches de verano; y al llevársela a la boca, en el paladar del anciano explotó un sabor que inmediatamente lo empujó a su juventud: las risas en la almazara, el pan con aceite y azúcar que le preparaba su abuela, las gélidas mañanas en los días de recoger aceituna… Lágrimas de melancolía rodaron por sus mejillas cuando, en ese preciso instante, entendió que el olivo no es solamente un árbol, sino un espejo en el que puede ver el reflejo de su propia historia.



