214. El vareo
Emilio recorrió los cuatro puntos cardinales de la provincia en dos semanas. De Marmolejo a Hinojares. Desde Santa Elena hasta Noalejo, pasando por Guarromán y otras localidades. Su previsión era proveer de café a establecimientos de todos esos pueblos. Visitó bares, cafeterías, clínicas, centros de salud, colegios, ayuntamientos e incluso algún cine que quedaba. Pasó las noches en hostales, pensiones, hoteles y un motel de carretera. Se había acostumbrado al clima seco y frío de aquel invierno. Pero ni el tiempo, ni los paisajes ni los monumentos fueron sus recuerdos más preciados.
En sus hospedajes coleccionó ese aceite tan preciado que solo se distribuía en esa zona a base de cápsulas, sobres, pequeñas botellas y toda clase de muestras plastificadas. Durante los días fue llenando la maleta de aquellas porciones del oro líquido.
A su regreso abrió la cremallera del equipaje y lo agitó como se varean las ramas de los olivos, hasta cubrir la mesa del comedor con todo el óleo envasado que había conseguido.
Llenó varias aceiteras en su casa, las suficientes para disfrutarlo hasta el siguiente año.



