200. ¿Quieres conocer el aceite de la comarca de Jaén?, Vamos allá……
Érase una vez una semilla de olivo que viajó y sufragó los mares del cantábrico, atlántico y mediterráneo, y empujada por el frío y la lluvia, llegaron a Alcalá la Real un pueblo de la provincia de Jaén, miles de kilómetros empujada por el viento. Volaba y volaba sin parar durante el día y la noche. La semilla cayó en el suelo húmedo y fértil de la zona del castillo de la Mota en Alcalá la Real, allí crearon el primer olivo fuerte. De este olivo nacieron una pintas negras muy pequeñas, que con la lluvia se hacía grandes y era las aceitunas.
Pepe, que ya andaba por allí, no tardó mucho en darse cuenta de que el olivo y él serían inseparables de buenos amigos en la vida, y que su amistad duraría para siempre. Pepe aprendía a limpiarlo cada año, el arbolito le daría un montón de Aceitunas.
María cuenta que pronto Pepe aprendió a coger el aceite de las aceitunas que abareaba cada año. Pero además también aprendió a usar el aceite para encender sus lámparas, para cuidar la piel, para arreglar el motor del coche, para abrir cerraduras de la puerta, para darle brillo al pelo, para usarlo en las cutículas de uñas, para el uso diario de cremas, y para usarlo como alimento.
La historia de olivar, y cuenta la leyenda en países extranjeros que nacieron en una región entre Palestina, Creta y Egipto. ¿Sabéis dónde quedan esos lugares, tan y tan lejanos? Allí, lejos muy muy lejos, arreglaron unas precisas técnicas para extraer el aceite de las aceitunas. Luego, con el tiempo, la ciencia, la innovación, y el transporte emergente social contemporáneo, el aceite de oliva se convierte en un producto muy importante para Grecia y claro, los griegos que eran turistas, fueron desarrollando el cultivo del olivo por toda Europa.
El sentido del gusto lo aprovechaban muy bien, saboreando y deleitando tapas de aceite de oliva, o bien acompañado de pan, o con tomate y jamón. Como les gustaba además comer siempre con su aceite de oliva allá donde iban caminando o viajando, lo transportaban en unas grandes vasijas de barro muy antiguas, grandes y pesadas.
Los romanos cuya tradición procedía de los griegos estas buenas costumbres en cultura tradicional. Y en época del Imperio Romano, la Bética (que era como se conocía entonces a la Península Ibérica) enviaba a Roma en veleros sus mejores aceites, en vasijas de barro que se hacían en la cuenca del río Guadalquivir. Eran incontables las vasijas españolas, con aceite de oliva el bueno y el que consumían muchas personas para su bienestar humano y social, que recibían en Roma. Como por aquel entonces no existía el procedimiento de reciclar, se dedicaron a apelotonar las vasijas enormes que había, a medida que consumían el aceite.
Seguimos….. Al principio, el aceite se sacaba estrujando las olivas del fruto del olivar, con grandes molinos de piedra que eran lanzados por humanos y animales. Pero claro, Pepe, que es una persona buena, lista y trabajador como ustedes mismos, aprendió a producir energía, así que empezó a usar aparatos mucho más nuevos para poder obtener, el mejor aceite de oliva, sin tener que machacar los duros molinos de piedra que estaban situados en la zona de la mota en el pueblo de Alcalá la Real.
En noviembre de todos los años venideros es comenzado con alegría, arte y devoción la recolección de la campaña de la aceituna, y se puede hacer de las siguientes maneras:
Comenzamos que si cogemos la mano es lo que nombramos que hacemos en la oliva un ordeño, ¿ entendido?, pues continuamos, la forma de varear son unos palos muy largos y fuertes y maduros que dan golpes a las ramas del olivo para que se caiga las aceitunas, ¿entendido? y pasamos a la última manera con un aparato que es una máquina vibradora muy grande que la lleva una persona y va desde la cintura hasta la zona alta y muy alta del olivo, lo que da lugar a agitar las ramas de forma ondulada y brusca o incluso el tronco de los olivos para hacer balanceo y que se caiga las olivas del fruto del olivar.
Se juntan directamente del árbol, sobre redes inmensa y largas, llamadas «mantos», se llaman «aceitunas de vuelo», a diferencia de la «aceituna de suelo» que, son recogida del propio suelo del olivar donde habitan las que son caídas las aceitunas al suelo,, se recogen después de que la aceituna haya caído sobre el terreno. Una vez que tenemos las aceitunas, se transportan hasta la cooperativa, previamente son atendidas por una persona que trabaja en la cooperativa que suele ser un agricultor, donde van clasificando dependiendo del tipo de aceituna para entrar en una selección para ser producidas.
Y ¿Qué creéis que se hace? Pues quitar cualquier resto de piedra, tallos y hojas. observamos que no haya ningún tipo de polvo y normalmente se lava con agua. A continuación pasamos a la molienda. ¿Quién sabe , qué es? Pues consiste en machacar las aceitunas con unos molinos (generalmente de martillos) para poder obtener el aceite.
De esta forma se consigue una pasta de aceituna. Pero todavía no hemos separado el aceite. Batimos todo para que, poco a poco, se vayan juntando las gotitas de aceite. Gota a gota se consigue unir el aceite. Pero ahora hace falta separarlo del agua (Alpechín) y de la parte sólida (Orujo) que componen la pasta de aceituna.
Para separar el aceite centrifugamos la pasta. Que no es otra cosa que meterlo todo en una máquina que, igual que una secadora, da vueltas a toda velocidad y conseguimos separar el aceite, que pesa menos, del resto de la pasta (agua y sólidos) que es mucho más pesado.
Y amigos… ¡ya tenemos el aceite! Como veis el aceite de oliva, que se obtiene mediante este proceso es auténtico zumo de aceituna. De aspecto verde, líquido y muy acuoso. Lo clasificamos por calidades, lo conservamos de la mejor manera y, llegado el momento lo metemos en botellas… y va hasta vuestras casas, ensaladas, frituras y muuuuucho más.
En España, el aceite es todo un símbolo. Es uno de los elementos más importantes de nuestra dieta mediterránea. Lo utilizamos para desayunar, comer y cenar… claro es que está riquiiiiisimo.
Pero lo curioso de esta historia… es que en España como hay días de mucho viento… la semilla viajó por toooodo el territorio. Y hoy en día si os fijáis al viajar… os daréis cuenta de que hay olivos por todas partes. Pero no todos son iguales. No todos dan las mismas aceitunas y por lo tanto los aceites que se consiguen son diferentes.
Hay variedades para todos los gustos: picual, hojiblanca, arbequina y muchos más…
Está rico de cualquier forma… en las ensaladas, con un chorrito en los bocadillos, frito con carne, pescado, pollo… ummmmmm,,, ¡me está entrando hambre a mi también!
Así que ya sabéis niños… si queréis comer sano y crecer fuertes, no olvidéis usar siempre aceite de oliva porque, además, está para chuparse los dedos.
Pepe terminó cuidando a lo largo de todo el año el olivo, le daba todo tipo de mimos, le quitaba la suciedad, recogía todas las pintitas negras que nacía del arbolito, las llevaba al molino, y obtenía su aceite.
Pepe encontró el valor de un producto que ayudaba a las personas y a la misma vez cuidaba de la salud de las personas. Desde que se conocieron no se separaron ni un instante, disfrutaban del aire del campo, de los amaneceres y atardeceres de colores del color azul infinito de los cielos, de las nubes blancas de algodón del cielo, del aroma de las aceitunas puestas en el arbolito, respiraba lentamente y pausadamente mientras miraba a su alrededor, sonreía y decía: “ he encontrado a mi amigo fiel y verdadero mi arbolito”,
Desde aquel, instante, la felicidad apareció iba pasando los años, y el arbolito cuando llovía iba creciendo y se iban alargando sus ramas cual tentáculos crecía de él gordas y rechonchas aceitunas que parecía que estaban jugosas, cada vez que iban creciendo florecían hermosas pintas negras de aceitunas,
Mutuamente se iban acompañando durante los jornales del trabajo, en la época de la aceituna, juntos pasaban las altas lluvias, granizos y los días soleados, se acompañaban tanto en los momentos donde tenía aceituna como los momentos que no tenía aceitunas. Juntos, iban los veranos, Pepe se sentaba junto al tronco robusto y engrosado, se sacaban fotografías juntos, cogía la mochila cargada de comida, y Pepe sacaba su mantel y colocaba un plato con un trozo de tortilla, un pan, unas uvas blancas salteadas, un trozo de queso, un tenedor, un cuchillo, un vaso de agua, unas chuletas empanadas y una ensalada campera.
Durante el día, Pepe, leía un libro y echaba largas siestas, y durante las noches, dormía en un saco de dormir a los pies del árbol y miraba las estrellas diciendo ¡Hasta mañana!.
Ser siempre niños muy buenos, con mamá, papá, los abuelos, las abuelas y los hermanitos.



