197. Un papel
No me la esperaba así. Se refería a Jaén. Y este mar de olivos… Ella le contestó. Todo el mundo dice lo mismo cuando la descubre. Miró hacia ellos. Hacia los olivos. Agarrados. Abrazados a la tierra desde la raíz. Eso se llama arraigo. Ellos lo tienen, nosotros no. La tierra es suya, no nuestra. Ellos no son de nadie y son de todos. Están y estarán. Cuando uno falte aparecerá otro que lo sustituya. Siempre. Todo esto le decía. El ambiente era fresco en el porche del cortijo de un blanco inmaculado. Esto es de la Humanidad. Siguió ante el paisaje cargado de olivos que les hacía pequeños. Estaba enfadada, pero no con él. Ahora se hace cargo nuestra generación. Cuando muramos, la siguiente. Le contestó, tímido. Bueno, eso de Patrimonio de la Humanidad es sólo un papel. Ella le miró. Sonrió. Se mordió un labio. Parecía tener mil palabras, todas atascadas queriendo salir. Ninguna ganaba. Todas apretadas en el filo de la boca. ¿Acaso lo de Marlon Brando en “El padrino” te parece sólo un papel? Jaén, levántate brava, decían… Aquí siempre igual, los unos por los otros y la casa siempre sin barrer.



