247. El legado del olivar
El astro en el horizonte, tiñe de matices cálidos. El olivar, mar de plata bajo la luz resplandeciente, musita al viento. Don Aurelio, de piel curtida por el sol y manos ásperas como la corteza de los olivos, se adentra en su corazón.
Don Aurelio, se detuvo frente a un centenario olivo. Lo observó con mezcla de respeto y nostalgia. En sus ramas cargadas de aceitunas maduras, miraba el fruto de su trabajo dedicado a la agricultura.
También veía un futuro incierto y lleno de desafíos. Este mundo acelerado, hacía que las personas se alejarán de los campos de cultivo, buscando la vida más fácil de las ciudades ¿Quién cuidará de estos árboles? ¿Quién trasmitirá a las nuevas generaciones, la sabiduría que esconde el olivar?
Don Aurelio suspiró, sintiendo un nudo en la garganta. El olivar era más que un campo, era un símbolo de resistencia, de conexión con la naturaleza, una lucha por la existencia. Un legado que debía ser preservado, mito que debería seguir siendo contado.
Una lágrima rodó por sus mejillas. Era de nostalgia, pero a la vez de esperanza.Esa que da el olivar…la sapiencia de la tierra.



