240. Obsesión de Olivia
Estaba obsesionada con la perfección en mis platillos, cada intento de hacer uno, era la oportunidad de crear una obra maestra. Busqué a los mejores proveedores de especias, vegetales, carne, fruta, de todo, poseía sartenes, ollas, cuchillos, de la mejor calidad, pero por algún motivo mis platillos no llegaban a conseguir un sabor extraordinario. Hasta que pensé en cambiar el aceite, no sabía lo mucho que me arrepentiría de obsesionarme.
—Olivia, tiene un sabor asombroso, una de tus mejores creaciones sin duda— alabó mi platillo, Arturo, mi compañero de trabajo y mejor amigo, sabía con certeza que él no era de los típico que te dan cumplidos para hacerte sentir mejor, él definitivamente era un experto en su área, sabía lo que hacía, pero no sé por qué no podía conformarme con un asombroso, necesitaba más.
—No es suficiente, algo me está faltando— la frustración se podía percibir con cada palabra que articulaba —Ya cambié las cantidades, la forma de cocción, combiné nuevas especies, nuevas salsas, aumenté el tiempo de reposo, hasta encontré los mejores proveedores de carnes y verduras del país, ¿por qué no puede ser perfecto?
—Porque ya lo es, es realmente muy bueno, Oli, eres una de las mejores cocineras del país, esté platillo ha sido maravilloso desde la primera vez que lo probé— dijo Arturo parándose de la silla y sujetándome por los hombros —Te estás exigiendo un nivel imposible de alcanzar.
Por unos segundos nos miramos fijamente y aunque sus intenciones eran buenas, en mi mente solo resonó “esté platillo ha sido maravilloso desde la primera vez que lo probé” — Los últimos 23 intentos han sido igual de buenos que el primero— analicé en voz baja, no era una pregunta pero Arturo me la respondió.
—Si, solo que no son buenos, son increíbles.
—No puedo creer que ninguno ha superado al anterior, pensé que estábamos progresando— Arturo puso una expresión de cansado, lo tenía harto a él como a todo el mundo, siempre exigía mucho, a mí como a los demás, estaban fastidiados de mi búsqueda de perfección, de algún modo, yo también estaba cansada y frustrada, entonces si alguien se quejaría en esa cocina, sería yo.
Ese día fue igual de pesado como siempre, solo quería llegar a mi casa a descansar, acostarme en mi cama con mi pijama afelpada y una buena taza de chocolate caliente y por primera vez no pensar en la maldita receta, pero por desgracia justo en el momento que me disponía a perder mi tiempo en reels de instagram, como si fuera destinado para mí, me apareció un video de una feria de aceite de oliva, una experiencia única donde podría probar el aceite en todas sus presentaciones.
—Aceite… ¡Claro! ¿cómo no lo pensé antes? — exclamé hacia el aire, el aceite era la única cosa que no había cambiado, confiaba mucho en mi proveedor de aceite, pero que tal si había mejores, que tal si el aceite era el punto débil, la razón por la que mis comidas fueran catalogadas como asombrosas y no como perfección pura, si existiera la mínima posibilidad de que eso fuera, la probaría, aunque eso me costará perderme unos cuantos días de trabajo.
—¿Te vas a Italia? — preguntó Estefanía, mi mejor amiga en el mundo entero, ella me conocía mejor que nadie, leía mis pensamientos incluso antes de que yo los pensará, pero a veces no podía seguir mi locura.
—¡Si!, es lo que necesito, estoy desesperada, no sé que mas hacer con ese platillo, y si tan solo encontrará el aceite perfecto, si eso realmente llegará a cambiar el sabor de mi receta, la tortura por fin se habría acabado— le expliqué mientras daba pequeños saltas de alegría.
—No soy chef, claro está, pero realmente un aceite puede cambiar el sabor de algo tanto— Fani me agarró de la mano, su mirada reflejaba preocupación — esa obsesión que tienes no es normal, no es sana, ya ni te veo disfrutar lo que haces.
Tal vez Fani tenía razón, pasaba horas buscando maneras de mejorar mi técnica, buscaba los mejores ingredientes y combinaciones posibles, pero eso era bueno, la obsesión vence al talento decían, sin embargo cuando veían a la obsesión trabajar se asustaban. Estaba dispuesta a sacrificar salidas con amigos, reuniones familiares, citas amorosas.
—Voy a ir a Italia y voy a regresar con la mejor preparación que haya hecho hasta ahora, crean o no crean en mí— dije mientras salía por la puerta.
—¡Quién está diciendo que no creemos en ti!
El vuelo fue de lo más reconfortante, pude leer todo sobre el olivo sin que nadie me estuviera diciendo obsesionada, que necesitaba relajarme, o dormir más, de que me servía dormir si iba a ser una chef fracasada, esperaba que el aceite de oliva cambiará el sabor del platillo, era mi única opción. Al llegar me alojé en un hotel barato, pero cerca de todos los restaurantes prestigiosos del país, probar la gastronomía de otro país era enriquecedor, era la única parte que aún disfrutaba de la cocina, ver, olor y saborear.
La feria era dentro de un edifico, el Palazzo delle Stelline, había carteles muy grandes colgando del techo, de mi lado izquierdo, se podían observar varias mesas a lado de otras, la luz de la ventana iluminaba el lugar, todo se veía limpio y elegante, además el acento de los italianos y su lengua eran un deleite al oído, probé, aprendí mucho sobre el olivo, cada preparación de este lo volvía diferente, tomé notas como loca, no quería olvidar ni un solo paso. Al finalizar el recorrido, fui directo a comprar todos los ingredientes que necesitaba para mi platillo, y mi ingrediente especial, el olivo, hace tanto tiempo no recordaba lo emocionante que era cocinar.
La cocina del cuarto de hotel era un fiasco, estaba desgastada y no tenía prácticamente equipo, si algo increíble salía de ahí, iba a ser una obra de arte en mi cocina, esa noche no pude dormir, recreé el platillo con todas las técnicas que aprendí, pero nada, no era lo suficientemente bueno, estaba cansada llevaba 10 horas cocinando, para nada, me tiré al piso en cuclillas, con las palmas de las manos en los ojos para contener las lágrimas.
Me sentía tan frustrada, lo había intentado todo, a lo mejor no tenía lo que se necesitaba, no era lo suficientemente talentosa para poder crear un platillo digno de ganar el concurso, si la obsesión no fue suficiente, nada lo sería, era tan patética llorando sola en un cuarto de hotel barato en Italia, todas las noches envela, las fotos de mis amigos sin mí porque decidí enfocarme más en mi carrera, perdí mi tiempo. Mis ojos volvieron a mirar la cocina, tenía ingredientes para intentarlo una vez más, solo quería acabar con eso, así que lo hice.
Probé diferentes técnicas, no eran complejas, de hecho eran técnicas muy sencillas, que jamás había utilizado en ese platillo, pensé que con las técnicas más difíciles lograría hacer algo maravilloso, pero fue todo lo contrario, cuando lo probé no pude evitar llorar y saltar de la felicidad, era todo lo que me había imaginado, era perfecto. Regresé a mi hogar y dormí todo el día, mañana era el concurso. Participaban los mejores cocineros del país, me sentía muy confiada, el esfuerzo siempre es recompensado.
Cociné como hace tanto tempo no hacía, lo disfruté, tenía el tiempo y presión encima, pero eso solo me ayudaba en hacer cada paso con precisión, entregué un platillo perfecto, lo sabía, lo jueces lo supieron en el momento que lo probaron, hasta mis compañeros lo sabían, todos teníamos que probar el platillo del contrincante, mientras los jueces deliberaban.
—Me sorprendes, Olivia— anunció Ferid con su soberbia que lo caracterizaba —No sabía que podías cocinar algo decente.
—Ese es el fruto del trabajo duro, Ferid, no espero que lo comprendas— “tú nunca lo has hecho” dije para mis adentros, gente como Ferid acostumbraba a recibir todo en bandeja de plata, sus padres son dueños de una cadena hotelera, quien tiene dinero está acostumbrado a recibir mejor trato y él no era la excepción, solo con su apellido bastaba para que todos estuvieran a sus pies.
—Sabe diferente, tu plato, algo, no puedo detectar que es, ¿qué le pusiste? — preguntó Ferid, seguía probando mi platillo una y otra vez.
—Eres muy ingenuo al creer que te voy a revelar mi secreto.
—La ingenua aquí eres tú, al pensar que quiero tu secreto, no lo necesito, mi comida va a ganar, no importa lo mucho que te esfuerces, siempre te ganó— fijó sus ojos en los míos, lo único que nos separaba era la mesa —Escuché lo obsesionada que estabas por este concurso, te podrás obsesionar todo lo que quieras, linda, pero cuando el talento se obsesiona nunca lo podrás vencer, yo soy el talento.
Antes de poder responderle en su cara de tonto que ponía al hablar con tanta soberbia, los jueces habían terminado de deliberar. Nos reunimos a su alrededor, y después de un discurso de hueva, por fin iban a anunciar los resultados, no podía con los nervios, estaba segura de que ganaría.
—El ganador es…— “Olivia Ferrera, Olivia Ferrera” me repetía una y otra vez, “va a valer la pena, lo sé” — Ferid Beltrán es el ganador de la edición número 53.
Perdí, no pude evitar derramar unas cuantas lágrimas, no era justo, mi platillo era mucho mejor que el de él, era obvio que compró el concurso, o a lo mejor su apellido le dio el gané, no valió la pena, malgasté mi tiempo y me alejé de mi familia, amigos, me descuidé, para al final perder con un niño de papi. Todos trataron de consolarme, de convencerme de no dejar de cocinar, pero ellos no entendían mi frustración, había perdido la pasión de cocinar.
Viaje a Italia y conseguí un trabajo en un campo recolectando aceitunas para elaborar aceite de oliva, en esas tierras todo era más tranquiló y pacifico, conocí al hijo del hacendado, un joven muy guapo, que rápidamente nos enamoramos, pero esa es otra historia, no dejé de cocinar, solo cambié un poco mis objetivos. Jamás volvería a obsesionar me tanto otra vez como para descuidar mi salud física y mental, no me volvería a perder cumpleaños o reuniones, porque no vale la pena.



