239. Camino del molino

Martín Capitán

 

Los bombos giran y unos 200kg de aceitunas se transforman en una masa en movimiento de tonos verdes y rojizos. Los niños lanzan cubos de agua al interior. A estas alturas del sorteo, las tablas del teatro y el patio de butacas ya son un lodazal. Los bombos se detienen y las aceitunas ruedan hasta las copas. Los niños las recogen, las observan. Uno canta una fecha y el otro la frase “un día cualquiera de tu vida”. Ensartan las aceitunas en los alambres y vuelven a coger otras dos aceitunas. Con el alboroto de la sala, apenas alcanzo a oír las fechas, pero la frase “un día cualquiera de tu vida” se repite como un mantra soporífero. De improviso, la frase cambia. El teatro enmudece. El niño repite la fecha: “22 de diciembre de 2024”. Todo el público se gira al unísono para mirarme. Los rociadores del sistema antiincendios se activan y me empapan. Me estremezco. Recuerdo el aguacero camino del molino, el sorteo sonando en la radio del coche, el remolque con unos 200kg de aceitunas recién recogidas. La voz del otro niño resuena en mi cabeza con el característico soniquete navideño: “es el día de tu muerte”.