223. Sonriendo

Ariana Solar

 

Su sonrisa dejó entrever unos blancos y pequeños dientes de leche. Por el rabillo de sus ojos miraba a un lado, al otro,quería divertirse. Iba a esconderse debajo de la mesa, pero sólo porque hacerlo le daba cosquillas en el estómago, luego rechazó la idea y pasó a otra: salir directamente al encuentro de su mamá. El reloj marcó el mediodía. Ella y su madre estaban una frente a la otra, comenzaron a avecinarse, a dar pasos lentos y remarcados, jugaban con tranquilidad al duelo de pistoleros sin dejar de mirarse fijamente, hasta que la chiquita se adelantó a decir: “estoy lista, mamá”. La madre sacó del bolsillo izquierdo de su delantal una brillante cuchara de plata. Del lado derecho de sus ropas, como tecleando un piano imaginario, tomó un pequeño frasco que contenía la pócima mágica. En un memorizado ritual de sus manos, la mujer versó religiosamente el líquido en la cuchara, y mientras le pedía a la niña que abriera la boca para darle una cucharadita de aceite de oliva, ésta mostraba una gran sonrisa: ella sabía que el aceite, más su buen ánimo, eran la cura para todos los males, en especial, para su estreñimiento.