205. La semilla
Paseando por los campos de olivos se ve el atardecer. Nubes blancas bajo un cielo azul y el sol se torna amarillento anaranjado. Colinas de colores difuminados con retazos grises y azules. Es un paisaje espectacular. A lo lejos se divisan colinas infinitas de olivos. Imagino que antes de mi, miles de ojos y miradas se han depositado en este paisaje. Intento ver a los fenicios y romanos en este lugar.
Mi madre contaba que mi abuela y tatarabuela relataban historias de los antiguos que trabajaban estos campos y me refiero a civilizaciones antiguas. Ellos recogían la Hojiblanca y la picual .De noche, las lucernas, llenas de aceite de oliva que alumbraban sus casas. El olor de los perfumes de rosas y aceites y el suave jazmín. Decía mi madre que cuando su abuelo tenia fiebre, su madre le untaba aceite de oliva en su frente y también en su cuerpo para bajar la temperatura. Y sus pieles secas eran embadurnadas con el oro liquido de esta tierra. Imagino por estos campos llenos de aceitunas y los molinos repartidos por sus lugares. Ensaladas con aceitunas y pan con su aceite….ellos como nosotros….nada ha cambiado.
Mientras viajaba en el pasado viviendo como una romana sentí una mano que me tomaba el brazo y girándome vi a mi madre.
“ Hija, me tenias preocupada….-me dijo mirándome y acariciándome la mejilla.
—Madre, miraba que bonita en nuestra tierra….mira………los olivos , la semilla de nuestra tierra…nuestra vida entera…..-dije abrazándola.
—Ella venia con su vestido gris largo y su toca en la cabeza, un chal y una cesta llena de fruta.
Cuando paseábamos por las tierra de olivos, mi madre siempre para no caerse se agarraba las faldas. Vivíamos en un pueblo pequeño, con los vecinos de toda la vida , la Iglesia y el Convento de las Carmelitas Descalzas. Todas las tardes madre e hija bajábamos ver el gran árbol, el árbol milenario del pueblo , debajo de los doce metros nos sentábamos y reíamos contando historias de cuando yo era pequeña. Me contaba que erra muy revoltosa y que cuando veía a las niñas jugar a las muñecas y poner cocinitas de barro, llegaba saltando y las tiraba, que me gustaba ponerme un parche en el ojo y con un palo jugar a ser una pirata en lo alto de una rama de un árbol. Nos reíamos mucho, en mi pueblo no había mar ni barcos. Y cuando le robaba queso a la vecina porque mi madre no podía comprarlo y se lo llevaba escondido. Mi madre adoraba el queso y siempre me decía que junto con las aceitunas , eran lo mas sabroso que había probado.
Mirábamos al cielo y veíamos como se alzaban un gran tronco de doce metros de altura que parecía tocar las nubes. Me contó mi madre una leyenda de aquel enorme olivo,según le habían contado sus abuelos y tatarabuelos la semilla de aquel enorme olivo fue plantada por unos monjes que mendigaban y en la época de la Reconquista. En aquellos tiempos aun estas tierras estaban dominadas por los musulmanes. Según cuenta esa leyenda lo hicieron un Domingo de Ramos, procurando que no les faltase el aceite de oliva destinado a los Santos Óleos, y es por esto que el árbol ha alcanzado estas dimensiones sobrenaturales.
Al atardecer y cuando el anaranjado del paisaje aparecía, volvíamos por el camino a casa. Mi madre vivía con mi padre, en una humilde casa de teja y con una chimenea muy hogareña. Mi padre siempre estaba sentado en la puerta viendo a los vecinos pasar y algún día se acercaba al bar a saludar y jugar unas cartas. Mi madre y él , siempre habían trabajado en la recogida de aceituna y con muchos esfuerzo y una herencia de los abuelos, tenían unos ahorros con los que ir pasando los meses.
Mi vida siempre ha transcurrido en el pueblo, recogiendo la aceituna y cuidando de vecinos que no podían andar y soy feliz aquí. Viendo mi tierra, mi familia, acariciando mis perros y cosiendo mis vestidos. Me gusta la serenidad y la gente tranquila y eso aquí, si existe.
No tengo envidia de los que emigran, siempre quise vivir y morir en mi tierra.
Mi madre se dirige a su casa, y yo a la mía.
Mi casa es humilde, paredes blancas y muros grandes, una chimenea y muebles rústicos. Estanterías llenas de vasijas , platos hondos y un caldero enorme. Mis libros sobre la mesa de la cocina y mis costuras.
Por la mañana salgo a la aceituna, hablo y trabajo con mis compañeras, es un trabajo duro pero desde que tenia 16 años lo hago y me gusta recoger los frutos que nos regala los olivos cada temporada. Me voy a casa de mi madre a comer , cada día un guiso nuevo o diferente..un lunes me pone andrajos con un sofrito de tomate, cebolla, ajo y pimiento rojo, al que se le añaden tortas de harina con conejo o liebre y los martes se come Galianos con conejo o perdiz y tortas, y los miércoles atalajo con huevos y patatas…..los jueves en casa se come Ajoharina regado con el aceite de oliva, pimiento rojo, níscalos, panceta, tomate natural, patatas, ajos, pimentón y la harina y los viernes morcilla y papajotes con el pan ochio. A veces se unen a las comidas mis dos hermanas y mi tío.
Comer en casa con la familia es un momento maravilloso,no sentábamos en una gran mesa, mi madre en invierno encendía la chimenea y comenzaba a poner en el fuego el caldero con el guiso, y mi padre abría una botella de vino y unas aceitunas . En ese momento solemos contar las historias del día , chismorreo de los vecinos y mi padre cuenta sus historias de cuando fue de viaje a Asturias y mi tío sus peripecias en la guerra. No sé como lo hacen, parece diferente, pero siempre son las mismas vivencias, a veces les cambian detalles .
Mi madre subió el camino para su casa y yo para la mía, nos despedimos hasta el día siguiente.
Eran tres meses meses viviendo en soledad. Mi marido emigró para trabajar en un barco y traer una gran cantidad de dinero a casa. Yo no quería que se fuese, pero el quería conseguir unos ahorros para nuestro futuro. Llevábamos un año casados y deseaba tener un terreno con olivos y salir de nuestra humildad.
Solo quedaba un mes para su regreso , y mi angustia y miedo era que algo le pudiera pasar. Pero miraba al futuro con esperanza y optimismo. Es normal tener miedos , pero en eso, siempre había sido una mujer fuerte. Estaba ilusionada con el día que apareciera por la puerta y nos diéramos un
abrazo, mirarle a los ojos y decirle cuanto lo había echado de menos y que mi vida era completa estando con él.
Nos habíamos conocido desde pequeños en el pueblo, Roberto y yo.
Nos sentábamos al lado del pupitre en el colegio y jugábamos juntos. Era un hombre alto, con pelo claro y ojos verdes, y tenia una sonrisa luminosa. Con doce años, sentí que me había enamorado de él y sobre todo de su alma, cuando un carro atropelló a un perro vagabundo y lo tomó en brazos con ternura y se lo llevó a su casa a cuidarlo. Otros niños lo hubieran pataleado o maltratado, pero él, sintió compasión y vi su bondad infinita. Al día siguiente en el colegio, le pregunté por el perro, y me dijo que su madre se enfadó con el, pero lo escondió en el cobertizo. Lo había lavado,y curado su herida y le llevaba comida. A partir de ese día, íbamos a pasear juntos con el perro, que lo adoptó en su vida, y todo el pueblo nos miraba. Parecía evidente que seriamos novios y así sucedió.
Nuestra boda fue humilde y preciosa a la vez…los vecinos ,padres y familia….un convite en la casa de mi padre con mesas largas y llenas de comida y un vecino cantando con su guitarra.
Llegó un nuevo día, el sol entraba por la ventana y me dispuse a vestirme para la jornada de trabajo, y hoy que es miércoles iría a comer a casa de mi madre, como todos los días. El día fue agotador, y me sentía cansada, era normal en mi estado, pero hasta ahora me encontraba bien y hoy se lo diría a mi madre.
Llegó la tarde, y baje por el camino para encontrarme con mi madre. La vi llegar despacio y sonriente y nos acercamos una a la otra.
“hoy te veo radiante, hija…cuéntame , ¿pasa algo?… “-me preguntó mirándome.
Fuimos como cada tarde al árbol milenario de Ojanco y nos sentamos debajo de él. Quizás en un deseo de que la magia de ese árbol y su leyenda, siempre nos envolviera la vida y tomé su mano y la puse sobre mi vientre.
“ Mamá, la semilla de este árbol ha crecido y así crecerá también la semilla que llevo”



