194. Deslizarse

Juan del Tormes

 

¿Es un arte? No oficial, pero sí lo es. Todos los días el personaje aborda el autobús, pide permiso al conductor y desliza su performance como en una pátina de aceite de oliva. Le bastan 75 segundos. Otros colegas, que lo antecedieron, van andrajosos, despidiendo hedor etílico. Él no. Su apariencia es la de un empleado bancario quien al final del día debe cuadrar sus cuentas. Y lo explica a su público: Sí, dice, no parece, pero estoy sin money, por eso le ofrezco, querida familia, este delicioso dulce con cobertura de aceite de oliva. Remacha: el dulce es un obsequio, que su aporte sea voluntario. Y todo dicho con buena dicción y ostensible delicadeza, de ahí que quince pasajeros hurgamos nuestras bolsas y le deslizamos una moneda de dólar por su actuación. No canta, no hizo contorsiones, no invocó lástimas antiguas. Solo estableció su condición actual. Ese día y los restantes treinta días del año repetirá su acto. En un día bueno recauda 60 dólares y en uno malo 40. Me lo encuentro a diario, antes de tomar el autobús. ¡Es mi vecino que le arranca monedas al mundo! Qué envidia, carajo.