192. El olivo familiar

Iván Parro Fernández

 

El pequeño Nicolás intentaba alcanzar bajo el olivo aquellas cosas de color verde que colgaban de las ramas sin mucho éxito. Saltaba y saltaba pero no llegaba. Su abuelo sonreía pícaramente viendo cómo el chiquillo se afanaba en lograr su ansiado objetivo.

—Ay, Nico, ¿pero no ves que no puedes llegar?

—Ya, abuelo, es que quiero coger eso.

—Te voy a contar una historia. Yo de pequeño hacía como tú. Venía a este mismo olivo e intentaba coger las aceitunas. Como no podía llegar a ellas corría a coger un palo largo para golpearlas. Unas veces caían, otras no. Cuando llegaba el tiempo de la cosecha venían unas máquinas muy grandes y agitaban este árbol con fuerza. Antes de que recogieran las olivas agarraba unas pocas y me las guardaba en el bolsillo para jugar con ellas. Aún quedan unas semanas para la recogida y cuando vengas te montaré en el tractor y varearemos juntos. Luego te dejaré coger algunas aceitunas de recuerdo.

—Vale, abuelo, pero acuérdate que también me prometiste ir contigo a recoger tomates. Me encantan con un poquito de AOVE y sal, mmmmm…