187. El sabor de lo prohibido_Crónica I del Maravillas
Esa mañana la lluvia había amainado y la brisa refrescaba el ambiente, aliviando la opresión del calor. Entonces, como entusiasta de los libros, dirigí mis pasos hasta una feria de pueblo en donde compré varios ejemplares a un módico precio. La curiosidad llameaba en mis pupilas. Uno de aquellos libros acaparó particularmente mi atención. Un manuscrito a cerca de Nuestra Señora de las Maravillas. Testimonio, de un suceso histórico, narrado por uno de los avezados marineros abordo y sobreviviente, solo 45, de la desgracia de aquel día. Quiso conservar su anonimato, como un náufrago más y empleó el seudónimo “el Señor de los olivos”. En su entrelíneas dio a conocer que su rango había sido Maestre. Es decir, el segundo en mando, después del capitán, y cuya responsabilidad era mantener el control y manejo económico de las naves.
Describió los obstáculos que tuvo que superar para mantenerse vivo y lúcido por interminables horas tales como la exposición a las inclemencias, falta de agua y los malabares para zafarse de aguas atestadas de tiburones. Indicó se quedó flotando asido a uno de los maderos remanentes del galeón, observó a otros sobrevivientes haciendo lo propio, hasta que finalmente llegó a tierra firme en algún punto de las Bahamas.
Aquella narrativa me atrapó de tal manera que me encerré en el cuarto y no salí más en todo el día. Incrédula devoré con avidez sus macilentas y ajadas páginas. Narraba que fue un legendario galeón español del siglo XVIII construido con doble cubierta, 891 toneladas y 36 cañones de bronce, que surcaba los mares desde tiempos inmemoriales. Era el Almirante o buque insignia que recogía plata para España. Extensa ruta de viaje, desde España a las Américas, con la encomienda de recoger oro y plata para sus majestades, el cual estaba reservado como impuesto real para el rey Felipe IV, desde Cuba a Sevilla.
Siempre fue más que una simple embarcación. Símbolo de poder, riquezas y aventuras para su tripulación cada vez que navegan las misteriosas aguas del vasto mar. Era la eterna codicia de la cofradía de piratas, corsarios, aventureros y cazatesoros que no temían reclamarla, jugándose la vida en esta empresa si era menester.
A tales fines, estudiaban minuciosamente el itinerario para su captura. Después de todo no tenían nada que perder, excepto sus cabezas por ahorcamiento. Criminales sin escrúpulos ávidos de buena fortuna, oportunidad y suerte.
Muchas veces el Maravillas tuvo que permanecer sin surcar los mares durante la alta temporada de huracanes. Se alega que, el Maravillas, tuvo previamente una colisión con el navío Jesús María Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción y eso debilitó la embarcación y que tal vez por dicha razón finalmente naufragó.
Los datos de la bitácora del Maravillas indicaban que se desviaron de su ruta habitual, para rescatar lo incautado por otro navío, zarpando desde Cartagena de Indias. Dicha ruta marítima siempre estaba repleta de enemigos, y decidieron llegar hasta el puerto de Veracruz. De allí a la isla de Cuba para regresar a través de las islas caribeñas, las Bahamas y finalmente a su destino final, España.
Una tarde aciaga surgió inesperadamente una tormenta que desató su furia contra el navío y las gigantescas olas chocaron el casco con una fuerza sin precedentes. El viento aullaba como una fiera herida haciendo estragos por doquier mientras la tripulación luchaba tratando de mantenerla a flote. Pero la suerte estaba echada y era inevitable. El caprichoso destino decidió otra cosa, los doblegó en la madrugada. Una monstruosa y enfurecida ola se abalanzó sobre el galeón, partiéndolo en dos cuando su quilla impactó el arrecife por lo que perdió el lastre, hundiéndose rápidamente en las profundidades marinas cercanas a las costas de las Bahamas en las turquesas aguas del Atlántico.
Los rumores giraban en torno a que en sus bodegas yacían incalculables riquezas tales como: valiosas joyas, invaluables piezas de arte, porcelana fina, artillería, reliquias y artefactos religiosos, millones en monedas de oro y plata. Asimismo cientos de barriles y botijas de aceite de oliva de Jaén para la venta en las colonias, territorios aliados, países de las américas y el caribe donde lo pagaban a muy buen precio.
Matías de Orellana y López, vio su sueño de niño convertido en realidad, ya que fue nombrado capitán del Maravillas. Esplendoroso, mirífico, deseado barco por el poderío de su cañones. Siendo su mano derecha don Gaspar de los Reyes Palacios. Quien estuvo a cargo del control de la nave, como timonel. Gaspar junto a una envidiable y diestra tripulación de 650 almas, con impetuosas ansias de conocer el mundo, reclamaban caudales a nombre de los Reyes de España.
De los Reyes Palacios asistía al maestre y detalló lo encontrado en el inventario del buque Jesús María de la Inmaculada Concepción -de la Armada del Mar del Sur-, otra de las naves de la flota de Nueva España, antes de que la misma naufragara en los arrecifes del Educador. Sumaron al caudal de las Maravillas: 32 anillos de perlas, 7 cadenas de oro de filigrana con motivos de rosetas, 25 amatistas colombianas montadas en sortijas y pulseras de plata, finísimas espadas con incrustaciones de piedras preciosas, antiquísimas vasijas de cerámica mexicana, amén de varios colgantes de oro con la Cruz de Santiago.
Me estuvo curioso conocer que en la bodega de Nuestra Señora de las Maravillas tuvieran barriles con “oro verde” de aceite de oliva, e inmediatamente una acotación que decía “el sabor de lo prohibido” era la marca del aceite. Los primeros cultivadores de aquel mirífico líquido apostaban con fe por el futuro de los olivares, esperanzados en que aquella tierra fértil, de Jaén, les daría un buen producto para elaborar el mejor aceite de oliva de la zona empleando las almazaras para su extracción y posterior embarque con miras a mercadearlo a gran escala en todos los confines del mundo. Gente visionaria y arriesgada
Era conocimiento popular que las colonias fenicias fueron responsables de introducir los primeros olivos, es decir, dicho cultivo en la península ibérica. Entre la región de Navas de San Juan, Jaén, Andalucía y Córdoba. Demarcadas como las más favorecidas para el sembradío y producción de aceitunas. Traían semillas y aceitunas a petición de algunas naciones con miras a producir aquel bendito fruto que era el óleo divino para la unción de atletas en la antigüedad y monarcas hasta nuestros días. A pesar de desconocer si fue arbequina, la hojiblanca, manzanilla o picual, pues no se desprende dicha información de sus páginas, aunque es picual la de mejor producción.
Llamó significativamente mi atención encontrar una nota, con letra casi imperceptible, alusiva al transporte de 30 esclavos recogidos en una isla no especificada del caribe oriental, pues el Maravillas no era un barco negrero, como otros de la zona, que traficaban con estos pobres seres arrebatados de su tierra natal y traídos como fuerza laboral y servidumbre desde las costas africanas, para su venta, cuando la abolición no había soltado sus amarras.
Antes de zarpar a su destino final, el Maravillas atracó en una de las islas antillanas conocida como la Isla de San Juan Bautista donde desembarcó el grupo de esclavos y dejadas en el puerto 15 botijas de aceite de oliva. Sorpresivamente a la atención de Doña María de la Mercedes de Orellana y López.
En la bitácora de viaje, el maestre dejó constancia de una carta dirigida a ella que no estaba escrita en castellano ni catalán, sino en euskera.[1] ¿Por qué en esta lengua? ¿Estrategia? ¿Hablaban misteriosamente en clave? Precisaba e impartía claras instrucciones de cómo proceder con ciertas botellas. La traducción del documento original, en euskera. a continuación:
Querida Meche, mi amor:
Recuerda, con suma discreción, remover lo valioso ubicado en el fondo de las botellas. Emplea un cernidor para que no pierdas ninguna y procura regresar el contenido del aceite de oliva para que también puedas venderlo a buen precio.
No olvides que ese es el patrimonio para nuestras nupcias. Te confirmo, este será el último viaje, como te prometí. Una vez depositemos el caudal en Sevilla regresaré para vivir contigo en San Juan Bautista con la bendición de Dios y formar el hogar que soñamos.
Siempre tuyo,
DIM
P.D. Por favor, dime si necesitas que te traiga algo de nuestra tierra para que engalane la casa. No olvides nunca mi cara, ni el amor que te prometo. Tus ojos azul celeste son como lámparas de potente fulgor para mi alma y el faro que me dirigirá hasta el puerto seguro de tu corazón.
La clave estaba en el fondo de las botellas de aceite que contenían piedras valiosas. ¿Acaso eran esmeraldas o diamantes? ¿Quién era DIM? ¿Por qué se apodaba el Señor de los olivos?¿Quién era aquella mujer y cuál fue su relación con el capitán del navío?¿Por qué y con qué propósito transportaron a los esclavos? ¿Cuántos secretos sórdidos y cosas prohibidas se tragaba el mar con la pérdida del Maravillas? ¡Vaya usted a saber! Al menos develado está, del texto de su misiva, el vínculo amoroso del maestre con María de las Mercedes y que DIM compartían el mismo lenguaje euskera. Las preguntas palpitan en mi cabeza convirtiéndose en una tentación para cualquiera. Primordialmente irresistible para los aficionados de la historia.
La falta de respuestas se convierte en gran tortura para mí y enmarañan hasta al más erudito mortal, tornándose en obsesión. Tal vez con paciencia y buena suerte pueda conseguir algún otro manuscrito como este y todas respuestas. Asimismo, con ingenio logre obtener información relevante en el Museo Marítimo Internacional sobre la identidad del misterioso maestre DIM, probablemente descendiente de vascos. Tan pronto averigüe les contaré…
[1] Euskera es la lengua más antigua de Europa, cuyas raíces u origen se desconoce a ciencia cierta. Es el idioma vivo y antiquísima de los vascos ubicados en los distintos territorios, a los dos extremos de los montes Pirineos. Abarca territorios pertenecientes tanto a España como a Francia. Álava, Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra. Es bastante sonoro y similar al español.



