103. Poema de aceite

Olea Europaea

 

«Decidme en el alma: ¿quién amamantó los olivos?», le preguntó, haciéndose eco de estos versos de Miguel Hernández.

La miró extrañado, tal vez por la forma del mensaje o, probablemente, porque no conocía el poema. «¿A ti qué mosca te ha picado, chiquilla?». Ella se sonrió, se quedó observándolo un rato como una esfinge y, al fin, exclamó: «Es que hoy me siento poeta».

Se encontraban en el olivar: mañana nublada, tiempo de cosecha, aceitunas como esmeraldas, presagios de un aceite virginal, 0.7 gramos de ácido oleico, sabor afrutado y algo picante. Un tesoro para el paladar en forma de tostada con un poco de ajo.

«Pues hazme poeta contigo». Ella comenzó a recitar otra estrofa: «Dentro de la claridad / del aceite y sus aromas, / indican tu libertad…».

«¡Qué inspirada estás hoy!», la interrumpió con gesto radiante. Entonces ella cogió un puñado de aceitunas, se las mostró y le dijo: «Igual que las palabras cotidianas se convierten en versos, las aceitunas se transforman en poemas de aceite».

Los rayos solares se filtraron de pronto entre las ramas de los olivos amamantando la tierra con sus manos.